Carga viral de dolor de Melvin Salgado

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El reportro(2)xx



Datos en un sistema desquiciado

En el mundo hay guerras insaciables,

bombas que estallan como grietas en la piel,

pueblos que se desangran y se deshacen

como red de cables rotos en un edificio.

La humanidad, cual frágil algoritmo,

pulsa una y otra vez el botón de la muerte.

El caos crece como virus invasivo

y la paz se desvanece como un malware.

Somos marionetas controladas por el poder,

manejadas por hackers sin conciencia.

Nuestros cuerpos son hostiles terrenos de batalla

y nuestras mentes, campos de batalla virtuales.

La violencia es el virus que nos consume,

el egoísmo y el odio a sus herramientas.

No hay antivirus que pueda detenerlo

y la humanidad se desfragmenta en desesperación.

Los misiles son como palabras de fuego

que queman corazones y pulverizan sueños.

Los tanques son como monstruos de acero

que avanzan y destruyen todo a su paso.

¿Dónde quedan las promesas de paz,

en un mundo gobernado por intereses?

¿Qué valor tienen las vidas humanas,

en una época de drones y robots asesinos?

Somos víctimas de nuestra propia creación,

la tecnología se vuelve en contra de nosotros.

Los avances científicos son solo armas

que desatan el terror y el caos en nuestras vidas.

La paz es un código inalcanzable

y la humanidad está programada para la destrucción.

Mientras tanto, el mundo sigue su conflicto,

y nosotros somos sólo datos en un sistema desquiciado.

Olas negras de guerras y batallas

golpean sin cesar a la humanidad,

como un virus que infecta y desgarra

y deja ciegos los ojos de la verdad.

Conflictos que se propagan como códigos

en un mundo saturado de información,

dejando un legado de dolor y estragos

sin encontrar la paz en ninguna solución.

Bombas que estallan como un virus letal,

aviones que surcan el cielo como bacterias,

soldados que luchan sin sentir ni pensar,

como robots programados en sus misiones militares.

Campos de batalla, campos de experimentos,

donde la vida se sacrifica por el poder,

como un algoritmo sin control ni frenos

que manipula con su código y su saber.

La ciencia crea armas para destruir,

mientras la tecnología avanza sin descanso,

y en las mentes brillantes algo se queda sin decir,

una huella de culpa por cada daño causado.

El mundo es un laboratorio de experimentos

donde la razón se mezcla con la locura

y en cada esquina un conflicto se despliega,

mientras la poesía se ahoga en su censura.

Las palabras se convierten en virus de emoción

que buscan romper las barreras de la indiferencia

y en cada verso un grito por la paz y la razón,

contra la brutalidad y la violencia.

Es hora de cambiar el código de este planeta,

de dejar atrás la lógica fría y calculadora

y abrazar la poesía y la ciencia como una meta,

para crear un mundo mejor, sin fronteras ni batallas.

Guerra por la paz

En el escenario de la humanidad

los conflictos se esparcen como virus,

contagiando almas y destrozando vidas

en una batalla constante y despiadada.

La tecnología, cual arma poderosa,

dispara sus balas de información,

mientras la ciencia descubre nuevas bombas

que se instalan en un mundo sediento de poder.

Las palabras son misiles intercambiados

en una guerra dialéctica sin cuartel,

donde la razón se pierde entre las frases

y el entendimiento es una utopía distante.

El hambre y la pobreza son enemigos

que avanzan sin piedad sobre los campos,

mientras los niños son soldados perdidos

en un campo de batalla sin tregua ni paz.

La paz, divina dama inalcanzable,

se oculta entre volcanes de intereses,

mientras la humanidad se sumerge

en un abismo de odio y violencia.

¡Lejano está el día en que las armas

sean remplazadas por la tinta y el papel!,

donde en lugar de balas, florezcan flores,

y las palabras sean el escudo protector.

Mientras tanto, en este campo de batalla,

seguimos luchando con nuestras armas poéticas,

intentando sanar las heridas abiertas,

de un mundo que agoniza en guerras interminables.

¡Ay, de nosotros, humanos confrontados,

en este caos donde la cordura se pierde!,

el mundo nos llama a unir nuestras fuerzas,

en una verdadera guerra por la paz.

Misiles

Misiles, relámpagos de destrucción, rayos blindados que surcan el espacio,

como flechas en llamas disparadas por la mano de un dios belicoso.

Son lanzas del futuro, asesinas mecánicas que viajan a la velocidad del sonido,

cargadas con la muerte y la devastación, dispuestas a cumplir su cometido.

Su silueta se confunde con nubes grises, su ruido cegador sacude la tierra,

y en su estela de fuego, dejan un rastro de desolación y guerra.

Son serpientes de metal, enredadas en la furia de los conflictos,

que escupen veneno en forma de bombas y explosivos.

Armas mortales, pero también obras de arte, diseñadas con precisión,

por las mentes maestras de la ciencia y la ingeniería, creadores del cañón.

Son ojos que no se cansan, vigilantes en la oscuridad de la noche,

listos para encender la luz con un destello que dura poco, pero que es tan potente como un sol.

Son poesía en movimiento, con un ritmo frenético, una danza de destrucción,

que bailan al son de las órdenes de quienes las controlan desde la distancia.

Misiles, instrumentos de poder y dominio, testigos de la evolución tecnológica,

que, con cada lanzamiento, marcan un hito en la historia bélica.

Son marionetas en manos de la guerra, pero también extensión de la razón humana,

que, en su búsqueda de poder, tantas vidas ha segado.

¡Misiles, prodigios de la tecnología moderna,

que, con vuestra presencia, llenáis de terror y asombro cada escena!

Que vuestros nombres queden grabados en los libros y en las memorias,

como símbolos de un tiempo de ambición y escasas victorias.

Y que alguna vez, en un futuro lejano, os vemos como piezas de museo,

recordando con nostalgia una época en la que la guerra era una opción egoísta y ciega.

Misiles, siempre presentes en la mente y en el corazón de los hombres,

sean el recordatorio de una era oscura, y la esperanza de un futuro más noble y promisorio.

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