HIMNO A LA MATERIA POR JOSE ANTONIO DOMINGUEZ (1902)

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HIMNO A LA MATERIA POR JOSE ANTONIO DOMINGUEZ (1902)

1

¡Oh, materia sublime, eterna y varia

que con el gran prodigio de tu esencia

y el arcano infinito de tus formas,

como madre perenne, siempre joven

a quien su propia fuerza fecundara,

llenas la inmensidad de Universo

y eres causa y efecto misterioso

de cuantos seres bullen y rebullen

con aspecto de vida en los espacios,

desde los vastos mundos y los soles

que por la noche brillan como antorchas

suspensas en el éter cristalino,

hasta los invisibles infusorios

que habitan en miríadas y millones

en el fondo irisado de una gota

de rocío...!

2

¡Oh, prolífica y sagrada

materia que en el vasto mecanismo

de la augusta creación tienes tu imperio

de omnímodo poder, y a todas horas

ordenas y ejecutas por ti misma

las leyes admirables que presiden

la vida universal, diversa siempre

del coro de criaturas que en ti nacen

y a ti vuelven al fin: obras perfectas

en cuanto cabe serlo en lo infinito,

que ora inmensas cual moles desmedidas;

ora medianas, ora imperceptibles,

de ti el cuerpo recibe y el aliento

que sujeta sus órganos y hace

que cumplan por lo menos su destino

de nacer y morir!

3

¡Salve mil veces

oh, materia infinita y soberana!

De la que surge sin cesar creadora,

ordenándolo todo con maestría,

la fuerza, ese milagro portentoso,

especie de alma mater de tu seno

que incontrastable, inteligente y pura,

cual si Dios mismo su poder rigiese

produce los fenómenos más grandes,

combina los agentes más fecundos,

da vida a los primarios elementos

y organiza la vida de los seres

que brotan de los mundos, de igual modo

que hace que giren éstos en sus órbitas,

por la atracción tan sólo suspendidos

alrededor del sol!

4

En ti reside,

de ti dimana y hacia ti refluye

la vida universal que no se agota

y es como inmenso genesíaco río

que al recorrer su seno lo fecunda,

porque lleva en sus ondas la simiente

de que brotan en mágicos regueros

las vidas de que surgen nuevas vidas

que al llenar su misión dejan el germen

de nuevos seres que al vivir difunden:

porque en el laboratorio de lo creado

en tanto que unos mueren otros nacen

y la vida se extiende y se derrama

buscando nuevos moldes y por último

se transforma y renace de la muerte

cual fabuloso fénix

5

¡Oh materia!

Tú eres lo único eterno; tú no acabas;

tú no aumentas, tú no disminuyes;

eres principio y fin de cuanto existe;

de ti depende todo y a ti torna.

Eres la misma aunque diversa siempre

pues tu esencia suprema indestructible,

es tan compleja y a la vez tan una

que recorre una escala interminable

de formas, de organismos y de vidas,

y en labor incesante por doquier

renueva sus creaciones y persiste

esparciendo destellos de sí misma

que encarnan nuevas vidas, cual si fueses

¡oh, materia! alma y vida del gran todo

llamada Creación.

6

Tú solamente

no has tenido alborada ni podrías

tener jamás acaso. Cuanto alienta

lo mismo en lo pequeño que en la grande

está sujeto el tiempo: vive y muere;

es decir, se transforma y en ti queda;

pues la vida del ser sólo es fenómeno

de resplandor fugaz. Los mismos

soles y los mundos de fábrica tan sólida

tienen su fin; tras incontables años

llega el día en que extinto su calórico

giran en los espacios insondables

cadáveres helados e insepultos,

en tanto que quizás en otros cielos

nuevos mundos se forman donde pronto

brotaran nuevos seres.

7

¡Oh, prodigio!

Mas si la vida individual es breve

y pasa como sueños y luego se hunde

en la noche espantosa del olvido

no así la vida universal. En vano

la muerte apaga con su helado aliento

las llamas de la vida una tras otra.

Una vida en verdad es casi nada;

pero el conjunto inmenso de las vidas

que forman el vastísimo Universo

eso es algo magnífico y grandioso

que no puede abarcar el pensamiento,

que no puede extinguir soplo ninguno,

que a todo cataclismo sobrepasa.

Y en inmortal cadena se prolonga

llenando lo infinito.

8

Lo que el hombre

llama a muerte y le teme a cada instante,

es sólo una apariencia, un accidente

que prepara, ¡oh, materia!, tus deshechos

a nuevos organismos, sin que pueda

menguar el poder de tus creaciones

porque previsto se halla y mucho sirve

en el plan colosal de sus sistemas.

La muerte para ti sólo es acaso

como un abono que te das a ti misma

tal vez por mantener ágil e incólume

de tu vigor el germen patentísimo;

o quizás como un baño en cuyas aguas

rejuveneces tus gigantes miembros

por cuyas venas corre siempre nueva

savia de eternidad.

9

La muerte nunca

destruye, ni podrá de modo alguno

la más mínima parte de tu masa;

ella es quizá el agente más activo

que en el taller inmenso de los seres

esparce los raudales de la vida

que de ti mana en incansables ondas.

Ella no mata; en realidad divide,

y separa elementos que bien pronto,

al combinarse en prodigiosas mezclas,

dan vida inesperada y repentina

a extraños organismos que se forman

como por ley fatal, pero que es siempre

la providencia eterna de las cosas

que también es corona deslumbrante

de sus grandes virtudes.

10

¡Oh, materia!

Sin duda cuando creas y transformas,

cuando enciendes la antorcha de una vida

o cuando apagas esa antorcha, no haces

ni bien ni mal; o al menos no meditas

tan extraños efectos que anonadan

la oscurísima mente de los hombres;

reside en ti la perfección suprema

de la inconsciencia que por ley divina,

bajo el influjo de potentes causas,

lo mismo crea a un mundo prodigioso

que da vida a un insecto. Eres hermosa,

eres sublime cuando das la vida

lo mismo que al quitarla en apariencia

sin que te importe a quien.

11

¿Sabes acaso

que el hombre, ese pigmeo miserable,

te desprecia creyéndose en la tierra

el rey de lo creado, un ser distinto

y superior a ti, que tienes un alma

en donde se concentra lo infinito

y eterno de las cosas, viva chispa

que no puede morir; porque su origen

arranca del aliento luminoso

del divino arquitecto de los mundos

del que sacó del fondo de la nada

el principio de todo, el caos mismo,

que al condensarse y adquirir contornos

te dio el cuerpo y la esencia que transmites

a cada ser que en la extensión vacía

se despierta a vivir?

12

¿Has hecho caso

jamás de tus abstrusas ambiciones,

engendros del delirio de su mente,

que a comprender no alcanza cosa alguna

de cuanto encierra el panorama espléndido

de la naturaleza que es tan sólo

como un movible espejo de sus formas

diseminadas infinitamente

por los incalculables horizontes

apenas sospechados, porque nunca

la ciencia humana explorará el misterio

de tu extensión ni encontrará la clave

que la ayude a explicarse los enigmas

que ve por todas partes, ni siquiera

conocerá la esencia milagrosa

del átomo más leve?

13

El hombre iluso

nacido del calor de tus entrañas

e hijo tuyo a toda hora, no comprende,

no quiere comprender, que su existencia

es como todo lo que alienta y vive

es la esfera el orbe, solamente

el resultado de fatales fuerzas

que por virtudes propias al fundirse

producen el fenómeno que informa

la gran vitalidad de un organismo

no comprende que salvo la excelencia

de ciertas facultades que requieren

medios propios en él para externarse,

su vida se equipara por completo

a la de tantos seres multiformes

que como él también viven.

14

No comprende,

en su orgullo satánico engreído,

que su vida es levísima burbuja

que el roce más ligero despedaza;

no comprende que es él menos que un grano

de arena que se pierde y se confunde

en las inmensidades de un desierto:

átomo del océano infinito

que se piensa, ¡Oh blasfemia imperdonable!

imagen de Dios mismo.

Acaso ignora

que hay en el éter incontables mundos

superiores mil veces a la tierra

mundos que han de poblar sin duda seres

más perfectos que el hombre, ya en figura

ya en fuerza y facultad o porque tengan

más nobles atributos?

15

Pobre hombre

infeliz individuo condenado

a ser el habitante de un planeta

de los más inferiores que gravitan

en el éter azul de lo insondable,

alrededor de un sol, como si fuesen

enormes colibríes revolando

en torno a inmensa flor. El hombre vive

sobre un planeta opaco y pequeñísimo

donde la vida es corta y sin objeto;

gusano miserable que se sueña

muchas veces gigante, y por desdicha

despierta de su sueño de locura

para caer en seguida en otro sueño,

y así pasa entre sombras y quimeras

hasta que muere al fin.


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