Estoicismo, escepticismo y existencialismo en Memorias del subsuelo de Fiador Dostoievski
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Dostoievski, publicó por primera vez esta novela existencial en 1864 en la revista Época -editada por su hermano Mijaíl- y hoy publicada por Cravel, aparte de las cienes de ediciones. Algunos consideran que este texto narrativo es un cuento, o algunos lo clasifican como una novela corta. Sin embargo, se trata de un texto audaz. El propio Dostoievski admitió ante su hermano sus dudas sobre el "tono duro y rebelde" del texto y, como explica el narrador al final, "en una novela debe haber un héroe" que impulse todo el desvarío, todos los impulsos oscuros, las vertientes que empujan al ser humano contemporáneo a la indiferencia, a la inmisericordia, la decadencia humana de un personaje que gime, que se autocontempla, que se autodefine ante el letargo de sus miseras condiciones, sus diálogo en forma de monólogo, de fluir de la conciencia. Aunque se trata de un contra héroe, antihéroe, alguien que arremete contra el mundo, contra el mismo, la existencia es una enfermedad del ego, por ello Dostoievski con todas las características del antihéroe se combinan deliberadamente en toda la longitud y latitud de la narrativa que disloca los andamios interiores del alma humana, todos el fluir que excava cada articulación, cada filamento que desboca el odio hacia el mundo, un arrastre a la podredumbre del hombre moderno. La novela está organizada en dos partes, y con la lectura de la segunda parte completamos el encuadre de la primera. En la primera parte, titulada “subsuelo”, un funcionario de nivel medio de 40 años, ahora jubilado, desarrolla un monólogo interno en el que confiesa, entre sarcasmo, ironía y preguntas violentas, su orgulloso aislamiento de la sociedad, y sus constantes ataques. Eso lo notamos en los siguientes microtextos:
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“Soy un hombre enfermo… Soy un hombre rabioso. No soy nada atractivo. Creo que estoy enfermo del hígado. Sin embargo, no sé un higo de mi enfermedad y seguramente tampoco pueda precisar qué es lo que me duele. No estoy en tratamiento y nunca lo estuve, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además, soy supersticioso a más no poder, aunque lo justo, como para respetar la medicina. (Tengo la suficiente formación como para no ser supersticioso, pero lo soy). Y si no deseo curarme es por rabia. Probablemente ustedes no estén dispuestos a entender esto. Pero yo sí que lo entiendo. Claro, que tampoco sabría decirles a quién exactamente estoy fastidiando con mi rabia; sé perfectamente que tampoco puedo «jorobar» a los médicos por no acudir a ellos. Sé mejor que nadie, que con todo esto, sólo me perjudico a mí mismo y a nadie más. Pero a pesar de todo, si no me pongo en tratamiento, es por rabia. ¡Y si mi hígado está mal, pues que se ponga peor!”
Contra "todo lo que es bello y noble" y su firme creencia de que la civilización no sería capaz de salvar a la humanidad, a la que el libre albedrío condena por desafiar la razón y probar el mal. Se centra en los deseos “Abolir mis deseos, abolir mis ideales, muéstrame algo mejor y lo seguiré”, en la necesidad, la voluntad, la ciencia, la razón o el motivo, y contiene un pasaje que me pareció particularmente interesante. “No es apropiado valorar sólo la felicidad (...) Yo personalmente no apoyo el sufrimiento”. “Utilízalo para ser feliz. Todo esto. Esta mi disposición, y espero asegurarlo cuando sea necesario (...) Creo que el hombre nunca renunciará al sufrimiento real, es decir, a la destrucción y al caos”. Es la certeza del sufrimiento, la crueldad que viene desde el fondo de la naturaleza de los individuos, al autor nos lleva a pensar que la maldad es parte inherente del humano, y su conciencia es la caja de Pandora de los pecados que todavía falta expiar. La rebeldía contra la fe misma, y culpa hondamente al libre albedrío como una condena que viene de lejos y que es la condena eterna para el ser humano.
Redimirnos, aunque dije al principio que la conciencia es, en nuestra opinión, la mayor de las desgracias del hombre, también sé que el hombre la valora mucho y no la cambiaría por satisfacción alguna. En la segunda parte, titulada "Aguanieves", basada en el recuerdo de su juventud, la novela comienza con la aparición de una galería de sincréticos personajes -pequeños ayudantes, amigos aduladores, sirvientes altivos, jóvenes prostitutas-, gente que se desdibuja con sencillez, con su alegría y fuerza. La ira, el mundo distintivo de Dostoievski. En el apartado o capitulo, El “clandestino” sobre el que escribe el personaje principal es un espacio que simboliza “el alejamiento con la vida” y el “descontento presumido” que crea, también es un refugio en el que prevalece una sensación artificial de “tranquilidad”. Es el espacio donde viven insectívoros, arácnidos y ratas, pero también donde los humanos somos redundantes, “incapaces de amar”, este gran modelo de la literatura rusa queda perfectamente plasmado en esta reflexión: “Hay algo dentro de mí, en lo profundo de mi conciencia”. Esta novela corta, como el resto de obras de Dostoievski, ha sido objeto de profundos análisis por parte de expertos y traductores.
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En la segunda parte, titulada ‘A propósito de la aguanieve’, el narrador recuerda un episodio que le ocurrió en su vida y que ejemplifica su comportamiento. Esta segunda parte tiene una estructura más propia del relato clásico, pero está tan vinculada narrativamente con la primera parte que no serían posibles una separada de la otra aunque en sí mismas dotan a Memorias del subsuelo, de una personalidad única, original y profunda en sus efectos . El hombre del subsuelo, es un estado moral desorbitante, la brújula maldita del infierno, el disloque mental, la fragmentación del hombre cotidiano, que es un funcionario, es parte de la maquinaria burocrática, aunado, movido por el azar, la venganza, por el rencor, es un impulsiva y llana paradoja, una infalible contradicción, su demasiada inteligencia se convierte en su propio hades, considera absurdamente esa caverna platónica, quiere salvar y condenar al mundo al mismo tiempo. La búsqueda de respuestas, el tormento imbuido en la conciencia, el trafago de una prosa exquisita y del manejo de técnicas narrativas exquisitas que penetran como aguijón en la dermis del corazón humano, es la patología de una sociedad que aísla a los individuos, no tiene identidad, se atiene al estertor de sus propias leyes naturales, pero la tiranía del instinto lo hacen prevalecer entre la cuerda floja de la maldad y el temple de la conciencia, de la bondad.
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Memorias del subsuelo es el desquicio de un submundo derribado a patadas y una sagaz puñalada de yatagán espiritual en la yugular, un golpe furtivo en el rostro, duro, mordaz en el fluir lingüístico, penamos que esta novela de Dostoievski, escatima una muerte fugas de la voluntad de Schopenhauer, de las monadas de Leibnitz, el disparo del superhombre, la muerte de Dios, la voluntad echada a andar en los abismos que somos, todos llevamos contenido un subsuelo, en capaz de sensaciones oscuras, las luces que un día existieron, el hombre estoico de la filosofía griega influye en el dassein, la muerte del dialogo, y la soledad existencial, el hombre orillado con su propia autoimagen al féretro de su cadáver en vida, subyace una tremenda fuerza psicológica en sus personajes universales que dilapidan la tragedia del mundo aplastado en su propia enajenación, la alienación marxista, la fe decadente de una teología divina que se mira voluble y frágil en el Proteo encadenado. El mito de Sísifo, subir y bajar la roca de la burocracia, de las obligaciones del ser humano auto esclavizándose, por eso el personaje ya jubilado, decide su retiro, su catabais, su ascensión, ir a su propio Hades, bajar y luego auscultar el peso de sus decisiones y sus odios.
El Hombre del Subsuelo es un personaje muy moderno, típico de la gran ciudad de San Luis. Petersburgo, desconocido para las masas, solitario, egoísta, nervioso, completamente aislado del mundo natural.
Es un hombre enfermo e hipócrita, aburrido, cuerdo, miserable, atrofiado en su inteligencia, impedido de actuar, lleno de rencor, odiándose a sí mismo y a los demás, pero sobre todo un maestro de la autoconciencia obstinada y temeraria.
El problema del hombre del subsuelo –semejante al de su pariente cercano Bernardo Soares, del Libro del desasosiego, que ya aparecerá más adelante– es un exceso de consciencia, una hiperconsciencia que, en vez de liberar, aprisiona, entrampa, agudiza, hunde y paraliza, ancestro remoto con salvaje Frankenstein, son hombres complejos que piensan aguijoneándose y dudan demasiado del temple que circunvala el mundo; son capaces de los pensamientos más delicados –de “lo bello y lo sublime”. Por ello, Memorias del subsuelo, una novela convertida en un clásico universal que merece su relectura profunda para tocar las llagar de ese Job contemporáneo.
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Memorias del subsuelo no solamente es la biografía ficticia de lo inhumano, del abandono existencial de la sociedad, de la familiar, de los hijos, incluso, este personaje reflexiona de forma inflexiva sobre el amor que le posee a una jovencita dentro de sus mas tensas utopías.
Cuando el hombre del subsuelo afirma que «tener exceso de conciencia es una enfermedad», y que incluso «cualquier dosis de conciencia es una enfermedad», no está hablando sólo de su conciencia, sino de la de todos los hombres. Para Freud, la conciencia se origina al suprimirse una agresión que responde ante el instinto destructivo, viéndose fortalecida en su desarrollo por nuevas supresiones semejantes. Pues bien, nuestro mordaz personaje es la encarnación de la conciencia. Si para Dostoievski la conciencia es una enfermedad, será una enfermedad crónica, letal, una enfermedad de índole filosófica, es la historia del fracaso, pues no podemos escapar de ella. Es el ineludible sistema que da orden al que sometemos el mundo, nos impide vivir con espontaneidad, algo que para Erich Fromm constituye la posibilidad de escapar a los mecanismos de evasión de la libertad, y con ello la esperanza vivir felizmente, es un fracaso, sic. Por ello el triste narrador es tan sumamente infeliz.
No es capaz de fluir en el torrente de su propia existencia, navega por entre las oscuras aguas de su pasado. Como él mismo reconoce, cuanta más conciencia, menos vida. La novela Memorias del subsuelo, tiene un importante trasfondo psicológico, y las cuestiones filosóficas que aborda resultan decisivas para comprender las estructuras profundas del ser humano. Es una obra literaria clave para comprender textos posteriores de Dostoyevski como Crimen y Castigo, Los endemoniados y El jugador.
Pues digamos que muchas obras de Dostoyevski, Memorias del subsuelo fue muy impopular entre los críticos literarios soviéticos, debido a su rechazo explícito del socialismo utópico, que se vino de cabeza posteriormente en el siglo en devenir, siglo XX, y su retrato de los seres humanos como irracionales, así es el ser humano del siglo XXI, predice, no solamente es el hombre del siglo XX, es el hombre europeo, universal, americano, por eso asume que los seres humanos somos incontrolables y nada cooperativos.
Su afirmación de que las necesidades humanas no pueden ser satisfechas, bien afirmado, axioma acertado, ni mediante los avances tecnológicos, también iba en contra de las creencias marxistas. Muchos pensadores como Jean-Paul Sartre, consideran que esta novela fue pionera magistralmente de la corriente de pensamiento existencialista, así como una inspiración directa para su filosofía. El filósofo Friedrich Nietzsche admiraba profundamente a Dostoyevski, de quien decía era «el único psicólogo, dicho sea de paso, del que yo he tenido que aprender algo».
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