LOPE DE VEGA
Fuente Ovejuna
COMEDIA
[1], Fernando, estaba de vuestra buena venida.
Quiero volveros a dar los brazos.
Debéisme honrar; que he puesto por vos la vida
entre diferencias tantas, hasta suplir vuestra edad el pontífice.
Es verdad,
Y por las señales santas
que a los dos cruzan el pecho, que os lo pago en estimaros,
y como a mi padre honraros.
De vos estoy satisfecho.
¿Qué hay de guerra por allá?
Estad atento, y sabréis, la obligación que tenéis.
Decid que ya lo estoy, ya.
Gran maestre don Rodrigo Téllez Girón, que a tan alto lugar os trajo el valor
de aquel vuestro padre claro, que, de ocho años, en vos renunció su maestrazgo,
que después por más seguro juraron y confirmaron
reyes y comendadores, dando el pontífice santo Pío segundo sus bulas,
y después las suyas Paulo para que don Juan Pacheco, gran maestre de Santiago, fuese vuestro coadjutor:
ya que es muerto, y que os han dado el gobierno sólo a vos,
aunque de tan pocos años, advertid que es honra vuestra seguir en aqueste caso
la parte de vuestros deudos; porque muerto Enrique cuarto, quieren que al rey don Alonso de Portugal, que ha heredado, por su mujer, a Castilla, obedezcan sus vasallos;
que aunque pretend[2] lo mismo, por Isabel, don Fernando,
gran príncipe de Aragón, no con derecho tan claro
a vuestros deudos; que, en fin,
no presumen que hay engaño en la sucesión de Juan[3],
a quien vuestro primo hermano
tiene agora en su poder. Y así vengo a aconsejaros que juntéis los caballeros de Calatrava en Almagro, y a Ciudad Real toméis, que divide como paso
a Andalucía y Castilla,
para mirarlas a entramba[4]. Poca gente es menester, porque tienen por soldados solamente sus vecinos
y algunos pocos hidalgos, que defienden a Isabel
y llaman rey a Fernando. Será bien que deis asombro,
Rodrigo, aunque niño, a cuantos dicen que es grande esa cruz para vuestros hombros flacos.
Mirad los condes de Urueña, de quien venís, que mostrando os están desde la fama
los laureles que ganaron; los marqueses de Villena, y otros capitanes, tantos, que las alas de la fama apenas pueden llevarlos. Sacad esa blanca espada,
que habéis de hacer, peleando, tan roja como la cruz;
porque no podré llamaros maestre de la cruz roja
que tenéis al pecho, en tanto que tenéis la blanca espada;
que una al pecho y otra al lado, entrambas han de ser rojas;
y vos, Girón soberano, capa del templo inmortal de vuestros claros pasados.
Fernán Gómez, estad cierto que en esta parcialidad, porque veo que es verdad, con mis deudos me concierto. Y si importa, como paso,
a Ciudad Real mi intento, veréis que como violento rayo sus muros abraso.
No porque es muerto mi tío, piensen de mis pocos años
los propios y los extraños que murió con él mi brío.
Sacaré la blanca espada, para que quede su luz
de la color de la cruz, de roja sangre bañada.
Vos, ¿adónde residís?
¿Tenéis algunos soldados?
Poco, pero mis criados; que si dellos os servís,
pelearán como leones.
Ya veis que en Fuente Ovejuna
hay gente humilde, y alguna no enseñada en escuadrones,
sino en campos y labranzas.
¿Allí residís?
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