Una propuesta original e innovadora que supera la narrativa hondureña.
Los cuentos de ciencia ficción de Melvin Salgado
Oscar Sierra Pandolfi
"Galaxias Enigmáticas", es una juntura de relatografos o cuentos que asumen grandes fortalezas estéticas, y precisos aciertos literarios. El juego de personajes que se mueven en otros mundos galácticos, la sorpresa distintiva del lenguaje de cada cuento se vuelve heterogéneo, fantástico y sutura la imaginación con hilos cósmicos, naves que viajan a planetas gemelos, constelaciones vecinas, astros, asteroides, aeronaves, seres extraños con sensibilidad humanas, el valor de cambiar el mal por el bien , salvar a las galaxias de nauseabundas intenciones. Cada historia esta tirada a andar con mucha certeza, el manejo técnico de los narradores es cambiantes, y la caracterización voluble, sensible y humana de los actuantes. Es una propuesta narratológica novedosa sobre el cosmos, la ufología, la astrofísica, y la astronomía, quizás se han escrito pocas obras con esmero, pero con gran fuerza en el tratamiento, un antecedente de ello, es el escritor Nery Alexis Gaitán con “Laberinto Último” y “Reloj de Arena” en 1992. Melvin Salgado, pues busca y encuentra su propia veta, su propia veta y define como un narrador en la plenitud fina de inventar mundos más allá de nuestros sentidos. Trasbordemos esas galaxias enigmáticas, resolvamos los misterios, los problemas existenciales que nos competen en futuros lejanos. El brío, la genialidad, logran ubicar a Melvin Salgado en una revelación innovadora que sobrepasa y supera a la nueva generación de narradores hondureños echados a rodar en el siglo XXI.
UNA MUESTRA DE LA NARRATIVA (ciencia ficción) DE MELVIN SALGADO.
Ufológical encounter
En la tenue penumbra de su cubículo, Karen contempló con asombro el lienzo prismático que el sol proyectó sobre el vacío etéreo. Por incontables eones, este ballet celestial había cautivado su alma, pero cada representación evocaba una embriagadora sensación de asombro prístino. El astro rey, un heraldo celestial, se asomó tímidamente por el horizonte, bañando su santuario con una prístina aura esmeralda, un presagio de los misterios que acechaban más allá.
De repente, un discordante zumbido rompió la sinfonía etérea. Sus párpados se abrieron de golpe, sus pupilas dilatadas se encontraron con un espectáculo que desafiaba la razón. Una nave celestial, un enigma tecnológico, se elevó por el lienzo del cielo con la velocidad del pensamiento. Su diseño era tan avanzado que trascendió los límites de la comprensión humana.
Un silencio ensordecedor envolvió el edificio, como si el mundo estuviera conteniendo la respiración en anticipación. La nave, realizando una maniobra vertiginosa en pleno vuelo, desapareció detrás de un saliente cercano. Impulsada por una mezcla de curiosidad temeraria y la audacia del descubrimiento, Karen se asomó a la ventana. Su corazón se aceleró ante la audaz hazaña de la nave.
A solo unos pasos de distancia, suspendida en un antinatural estado de levitación, yacía la nave espacial. Paneles luminiscentes brillaban con una sinfonía de blanco, violeta y dorado, proyectando un código desconocido que se burlaba de las nociones rudimentarias de la era tecnológica. Su forma, una amalgama de geometría alienante, desafiaba su comprensión.
Un cosquilleo de emoción recorrió el cuerpo de Karen. Sin vacilar, reunió sus pertenencias y se precipitó fuera de su refugio, impulsada por una voraz sed de descifrar los enigmas que se presentaban ante ella. De un salto vertiginoso, se encontró en la cubierta delantera de la nave espacial. El viento azotaba su cabello mientras la nave se lanzaba hacia un destino desconocido.
En ese instante, Karen experimentó una revelación trascendental. Los límites de lo posible se habían desvanecido. El universo, urdimbre cósmico interminable, se extendía ante ella, prometiendo un sinfín de maravillas aún por descubrir.
El navegante cósmico
Desde el firmamento etéreo, el observador celestial contempló un orbe de azul profundo que desafiaba las nociones terrenales. La Tierra ya no era solo destino de perdición, sino un orbe donde la ciencia y la magia digital entrelazaban sus hilos cuánticos, transformándose en un tejido de esperanza y progreso ilimitado. Mientras el Navegante surcaba el vacío cósmico, su minúscula nave resplandecía como un faro de curiosidad. Había atravesado galaxias para desentrañar los enigmas de este enigmático planeta, un faro de conocimiento para los ansiosos y una brújula de sueños para los aventureros. Abajo se extendía un océano de luces, un vasto laberinto que se desvanecía en el horizonte. El siglo XXI, según explicaban las transmisiones, no era el reino de la ciencia ficción del pasado. Había cosas desconocidas ocultas en el tejido mismo del misterio, un potencial entretejido en lo incognoscible. Con cautela, la nave inició su descenso, sus sensores escanean los cambios atmosféricos. Algún día, las profundidades ocultas de las megacity estadounidenses, escondidas a simple vista, revelarían sus secretos inquietos.
A pesar de la inminente oscuridad, el sol persistía, proyectando su intensa luz sobre el planeta. Mientras la nave se acercaba, el asombro del Navegante creció al presenciar el renacimiento urbano. Metrópolis resplandecientes exhibían arquitecturas iridiscentes, sus carreteras serpenteantes un torrente de faros parpadeantes. Desde su elevada perspectiva, el Navegante sintió una oleada de calidez y asombro. Era un mundo de progreso sin precedentes, un reino de posibilidades infinitas. En este santuario de esperanza, encontró no solo un destino, sino un llamado a explorar el vasto y enigmático tejido de la tecnología y la ufología terrícola.
Interfaz dimensional
En el vacío etéreo, Manny contempló su entorno con un deje de fascinación y trepidación. La Cámara Hipertextual se erguía distante de la vibrante Gaia que había abandonado antaño. Iluminada con una prístina penumbra, la sala proyectaba una frialdad cromática, incluso el sepia se tornaba deslucido y efímero. Sonógrafos modulares de tonalidades ambar, esmeralda y antracita se entrelazaban en una intrincada maraña de botones y conmutadores, distribuidos en posiciones aparentemente aleatorias. Las pantallas cuánticas destellaban con una luminiscencia cegadora. El silencio era roto únicamente por el zumbido fantasmal de los sistemas de climatización. La Cámara en sí era un testimonio de la genialidad tecnocientífica. Su arquitectura estaba imbuida de un propósito enigmático. El techo abovedado presentaba paneles divisorios curvos, mientras que el suelo estaba adornado con un mosaico cósmico de cuadrados ordenados. Era una interfaz diseñada para gobernar el reino virtual en el que Manny se encontraba completamente inmerso. Había llegado para descifrar un extraño rastro de luz detectado por su estación espacial al orbitar una estrella distante, hogar de una forma de vida excepcional. Esta odisea lo había transportado a un plano existencial alternativo, más allá de las ataduras terrenales (un faro de inteligencia y una interacción con el pasado). Sus dedos danzaban sobre los complejos artilugios, descifrando nuevos idiomas cósmicos, acercándose cautelosamente al extraño y maravilloso mundo que se desplegaba ante él. Su búsqueda incesante se había transformado en una verdadera expedición de descubrimiento científico: un renacimiento para la civilización humana.
La sideral odisea de Bob
en los anales de la exploración humana, nunca ha habido una historia como la de Bob. Su viaje comenzó con un acto de fe hacia el abismo, un descubrimiento que lo llevaría a territorios inexplorados del cosmos. Mientras atravesaba la vasta extensión del universo, el zumbido del motor de su nave espacial era un recordatorio constante de la peligrosa naturaleza de su búsqueda. El lienzo celestial sobre él era de un azul profundo, similar a las profundidades del océano y una luz blanca brillante se extendía desde el suelo hasta el horizonte, señalando la cercanía de su destino. El aire a su alrededor se hizo más denso y la atracción gravitacional cambió cuando dejó atrás los confines de su planeta natal. La luz de las estrellas bailaba a través del cosmos, llegando a galaxias distantes. El horizonte permaneció sin cambios, un testimonio de la inmensidad del universo. En ese momento, Bob supo que su viaje realmente había comenzado.
Una poderosa columna de luz surgió del antiguo palacio, un destello de esperanza y asombro en la vasta extensión del espacio. Bob sintió una conexión inexplicable con el universo, una sensación de majestuosidad que lo dejó sin aliento. Derramó su esencia en el cosmos, sintiéndose como si estuviera en un viaje sin fin. Su aventura fue una de posibilidades ilimitadas, un viaje que trascendió los límites de su imaginación. Al final, la odisea sideral de Bob, fue más que una simple historia de exploración; fue un testimonio del indomable espíritu humano, un recordatorio de que el universo es un lugar de infinitas maravillas y posibilidades. Mientras contemplaba las estrellas, supo que su viaje estaba lejos de terminar.
Gantra
Ella se erigía sobre las plataformas de aterrizaje de una galaxia, sintiendo la presión de una antigua y avanzada cultura que la envolvía de repente, mientras sus ojos transparentes contemplaban la escena. Su mirada vagaba, conmovida por el temor y la fascinación ante la belleza extraterrestre. Detrás de ella, un edificio imponente se extendía, yace en contraste con una torre resplandeciente de múltiples colores, como una obra de arte, que se alzaba majestuosamente hacia el cielo.
—Bienvenida —eclosionó una voz en el vacío. La voz provenía de un centinela robot de metal, con ojos esmeraldas y láser en la mácula, posado en una plataforma digital. Ella, en el resplandor del esplendor, se sorprendió con un encanto sublime, a pesar de sentirse atrapada por la curiosa simbiosis de tecnología de vanguardia y profunda calidez: una distopía.
—¿Dónde estoy? —preguntó, adhiriéndose al silencio que emergía de los túneles indestructibles del tiempo.
—En Gantra, un planeta distante de múltiples galaxias, que ha sido víctima de agujeros negros y ataques desconocidos. —Debes estar lejos de tu hogar —comentó el centinela, musculoso y con rostro reluciente, ojos redondos cubiertos por una escama dorada.—Hace miles de quarks, este planeta fue expuesto a una destrucción masiva. Los habitantes se reunieron para reconstruir la antigua cultura: por eso, ahora encontrarás lo que fue perdido.Ella, con la mirada perdida en el relieve mágico del espacio, sintió un sentimiento inesperado y comprendió que se habían marchado, dejándole la misión de preservar lo que habían construido.
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